La condensación suele producirse por aire frío en la chimenea. Este aire frío genera humedad y se convierte en agua, lo que puede dañar la laca de la estufa de leña o la propia chimenea. Además, existe el riesgo de que entre agua de lluvia por la chimenea.
Para evitar la condensación, revise la instalación y utilice:
Sombreretes especiales para chimeneas.
Tuberías aisladas y uniones herméticas.
Mantenga un tiro natural constante.
La condensación en la chimenea puede causar óxido y desprendimiento de la pintura en el interior de la estufa, alrededor de la salida de humos y en la propia chimenea. También puede dañar la vermiculita (piedras aislantes).